lunes, 9 de marzo de 2015

"Diario de mochileros por Nicaragua", Cap.9/De rodeo en Juigalpa + Costa Caribe: Bluefields y Little Corn Island.

Juigalpa 


Dejamos El Castillo tal y como llegamos: tres horitas de viaje en una barca estrecha llena de gente hasta los topes. Sin duda, mereció la pena.

Nuestro próximo destino era la lejana costa caribeña de Nicaragua. Nada más llegar a San Carlos, cogimos un bus (110 córdobas) en la estación que queda justo en frente de la salida del muelle. Para hacer el viaje más ameno, decidimos parar a mitad del camino en la ciudad vaquera de Juigalpa y pasar una tarde...¡en los rodeos!

Rodeo en Juigalpa
Juigalpa no es una ciudad hasta la que suelan llegar los turistas, pero leímos en la guía que aquellos días estaban celebrando sus fiestas patronales.
No pudimos resistirnos y, antes de poner rumbo a Little Corn Island, quisimos acercarnos a conocer sus famosos rodeos y desfiles de caballos.

Llegamos a la ciudad justo a tiempo para el rodeo de aquella tarde. Pasamos rápidamente por el Hostal Country para dejar las mochilas y salir pitando hacia el recinto ferial.

Nota: El Hostal Country es un hostal económico (700 córdobas por noche) y muy sencillo, suficiente para una sola noche.

De camino al rodeo, tuvimos suerte y pudimos admirar un desfile de hábiles jinetes a lomos de sus monturas, engalanados ambos de abajo arriba. ¡Todo un espectáculo!

Después de aquello, pagamos la entrada de 50 córdobas y accedimos a las gradas dispuestos a pasar un buen rato. Había muchísima gente y el ambiente era estupendo.
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa
Nada más entrar, nos dimos cuenta de que éramos prácticamente los únicos extranjeros allí. A la gente se le hacía extraña nuestra presencia, ya que nos miraban pasar como las vacas al tren ;-)
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa
El rodeo se celebra en una especie de plaza de toros cuadrada, con gradas en su perímetro. 
Te puedes sentar donde quieras y constantemente pasan vendedores con bebidas, chucherías o quesillos.

El quesillo es el típico snack nicaragüense, compuesto por una torta de maíz sobre la que vierten una especie de salsa cuajada con trocitos picados de cebolla amarilla y un chorrete de vinagre negro. Está bastante bueno, pero te pringas las manos si no eres hábil al comerlo.
Vendedor en rodeo de Juigalpa
Vendedor en rodeo de Juigalpa
Una vez servidos, ¡a disfrutar del espectáculo! 

Había cientos de personas en la arena. Los más valientes montaban a los toros salvajes entre la multitud. Cuando finalizaba la monta por derribo, el resto trataba de torearlos hasta que los vaqueros lo atrapaban con el lazo y devolvían el animal a los chiqueros.

Pronto nos dimos cuenta de lo "alegres" que estaban los mozos. Los golpes y topetazos que presenciamos no fueron ninguna broma. A más de uno tuvieron que sacarlo en volandas sin conocimiento.
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa
Rodeo en Juigalpa

Finalizado el peculiar rodeo, nos dirigimos a la plaza central para cenar y dar una vuelta por los puestos de la feria. Aprovechamos para conectarnos al WIFI público de la plaza central para hablar con nuestras familias.

Nuestra corta visita a Juigalpa, no dio para más :(

Bluefields


Al día siguiente madrugamos. Para llegar a Bluefields teníamos un viaje de aproximadamente 4 horas hasta El Rama (80 córdobas). Desde allí, aún quedaban casi 2 horitas más hasta nuestro destino.

El viaje se nos hizo interminable, nos tocó un incómodo autobús repleto de gente. Y como no podía ser de otra manera, hacía calor, mucho calor!

El Rama no tiene nada de especial, es un pueblo de tránsito. Nada más llegar, fuimos directos a comprar los tickets para no perder la panga de la tarde.

En la oficina donde compramos los billetes (250 córdobas), nos informaron de que debíamos esperar hasta que se completara el pasaje con 20 personas. A esperar...

2 horas después, nos avisaron de que zarpábamos. OJO! para no acabar en la parte incómoda de la barca hay que lanzarse, literalmente, a pillar un buen sitio.
Nosotros, inocentes e inexpertos, tuvimos que apretujarnos en la útlima bancada que quedó libre.
Panga a Bluefields
Panga a Bluefields
Pero lo peor no fue eso, sino la tremenda tormenta que nos acompaño durante el viaje, con potente aparato eléctrico sobre nuestras cabezas. ¡Qué miedo!

Las barcas no tienen toldo, así que, para no mojarnos, nos pasamos el viaje cubiertos por un enorme plástico negro que sujetábamos entre los pasajeros de las esquinas de la barca.

Llegamos a Bluefields bajo un aguacero impresionante.

Al llegar al puerto, se nos acercaron varios chicos con paraguas ofreciéndose a acompañarnos hasta el hotel.

Consejo: ignoradles, haced que no entendéis. 

De hecho, es muy difícil entenderles. En esta parte del país, la mayoría de la población habla en creole (dialecto del inglés, propio del Caribe centroamericano).

Nosotros no pudimos quitarnos de encima a un chico que caminó con nosotros hasta el hotel y, al llegar, nos pidió 20$ por los 5 minutos que habíamos tardado hasta allí.

En fin...obviamente, le dimos mucho menos.
Bahía de Bluefields
Bahía de Bluefields
Bluefields deja bastante que desear. A pesar de estar ubicada a orillas del al mar Caribe no tiene ni playa ni paseo ni nada de nada. Además, se percibe mayor inseguridad y pobreza que en el resto de las zonas visitadas.
Por lo que, después cenar unas ricas colas de langosta fresca por 9€ en el restaurante Pelican Bay, regresamos al Hotel Oasis antes de que anocheciera. Era el hotel más caro del pueblo, pero visto lo visto, bien mereció la pena pagar un poco más.
Restaurante Pelican Bay. Bluefields
Restaurante Pelican Bay
Langosta del Restaurante Pelican Bay
Langosta del Restaurante Pelican Bay
Al día siguiente, después de desayunar, el transfer del hotel nos llevó al mini aeropuerto para coger el vuelo a Big Corn Island. 

Los vuelos internos nos parecieron un poco caros. El nuestro costó 66$ por 20 minutos en una avioneta. 

Además, hay que tratar de reservar asiento con un poco de antelación. Vuelan pocos aviones al día y si no eres previsor, te puedes quedar en tierra.


¡Por fin, Little Corn Island! 


Al llegar a Big Corn Island, tomamos un taxi hasta el puerto y  allí la panga (6 $) que va hasta la pequeña Little Corn Island.
Pagan a Little Corn Island
Panga a Little Corn Island
Si el viaje en barca hasta Bluefields nos pareció toda una experiencia, no tengo palabras para describir lo que fue el trayecto hasta Little Con Island. El Dragon Khan es una niñería comparando con esto!

Mejor os cuelgo un vídeo, para que os hagáis una idea.



Aunque en el vídeo no se aprecie demasiado bien, la barca avanzaba hacia mar abierto surcando olas de más de 4 metros que chocaban contra el casco y lo elevaban hasta casi los 90º, con su posterior caída contra la superficie.

¡Lo dicho, como Port Aventura, pero a lo bestia! Los turistas íbamos tiesos.

He de confesar que fue el momento de todo el viaje en el que más miedo pasé. Parecía que aquello iba a partirse en dos, en medio del Atlántico.
Little Corn Island
Little Corn Island
Por último, un adelanto del próximo post: 3 días en la paradisiaca Little Corn Insland.

¡No te lo puedes perder!

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viernes, 20 de febrero de 2015

De ruta por Hanoi

Como ya os adelanté en el post resumen de nuestra ruta por tierras vietnamitas, llegamos a Hanoi después de pasar unos días en la vecina Camboya, visitando los famosos templos de Angkor. Esta gran ciudad fue nuestro primer destino. 

Sobre las 8 de la tarde, aterrizamos en la capital de este maravilloso país. Nada más llegar, negociamos el precio del transporte con un taxista que nos llevó directamente al Hanoi Sports Hotel. Alojamiento que previamente habíamos reservado por recomendación de una amiga. 

Se trata de un hotel económico, sencillo y limpio. Está situado en el núcleo del barrio antiguo de Hanoi.
Tras dejar las mochilas, pese a que había sido un día largo, no pudimos resistirnos a dar una vuelta por sus animadas calles. Era de noche, hacía mucho calor y había cientos de personas circulando en todas direcciones. ¡Pintaba muy bien! 

Día 1

Nuestro primer día en Hanoi comenzó desayunando un contundente plato de Pho Bo, tradicional caldo de ternera con fideos de arroz. Aunque la comida vietnamita me encantó, este plato en concreto no se convirtió en uno de mis favoritos. Aunque uno que yo me sé desarrolló cierta adicción por esta sopa...
Pho Bo
Pho Bo
Salimos a la calle con intención de caminar hasta el mausoleo de Ho Chi Minh, ¡ilusos!
A las nueve de la mañana ya hacía un calor sofocante. Además, en cuestión de 10 minutos, debido a la contaminación del ambiente, notas una sensación a suciedad en la piel y dan ganas de volver corriendo a tomar una ducha fresquita en el hotel.

Así que, visto el panorama, decidimos tomárnoslo con calma. Empezamos con un tranquilo paseo en riskshaw hasta el citado mausoleo. 
Riskshaw
Riskshaw
Enseguida te percatas del caos que reina en las calles de la vieja Hanoi. Hay miles de callejuelas repletas de estrechos edificios que no siguen ningún tipo de orden o patrón estético. Es una pasada.
Además, TODO está lleno de pequeños comercios y gente que vende sus productos en cualquier hueco libre que encuentran en las aceras. Puedes comprar, literalmente, cualquier cosa. Eso sí, para caminar mucho sitio no queda...
hanoi
Hanoi
El tráfico es un descontrol total, la ley de la jungla. Los vietnamitas van a su aire y lo único que se respeta, a veces, son los semáforos. Cruzar una calle a pie se convierte en toda una hazaña. Hay que hacerlo a paso ligero y sin detenerse, ¡nunca!
tráfico de hanoi
tráfico de hanoi
Tráfico de Hanoi
Además, la maniobras las indican a base de bocinazos, por lo que el ruido es constante, ¡una locura! Para que os hagáis una idea, os dejo una pequeña muestra en un vídeo que grabamos.
Al llegar al complejo del Mausoleo de Ho Chi Minh, fuimos directos a la entrada, pero nos indicaron que para visitar la urna que alberga la momia del dirigente había que hacer una cola kilométrica. 
Casi todos los visitantes eran vietnamitas. Se trata de un lugar de peregrinación al que acuden a presentar sus respetos.
Mausoleo de Ho Chi Minh
Mausoleo de Ho Chi Minh
Mausoleo de Ho Chi Minh
No estábamos por la labor de desintegrarnos al sol haciendo cola y nos fuimos a recorrer el jardín botánico, la Casa de los pilares (donde dicen que Ho Chi Minh vivió esporádicamente) y la Pagoda del Pilar Único.
Pagoda del Pilar Único
Pagoda del Pilar Único
Dejando atrás el Mausoleo y tras callejear durante aproximadamente una hora, llegamos a la cercana  pagoda de Tran Bac. 
Además de visitarla, aprovechamos para hacer un alto a la sombra de los árboles que la rodean.
Pagoda Tran Bac
Pagoda Tran Bac
Y ya que estábamos cerca, continuamos hasta el lago Tay Ho, en el que se encuentra la Pagoda de Tran Quoc.
Lago Tay Ho
Lago Tay Ho
Pagoda de Tran Quoc
Pagoda de Tran Quoc
Seguimos paseando por los barrios residenciales cercanos al lago para, poco a poco, volver hacia el barrio antiguo. En la parte vieja es donde se concentran la mayoría de los puntos de interés turístico de la ciudad.

Calor, mucho calor... Hicimos otro descanso en una tiendecita de zumos naturales. Y fue aquí donde nos dimos cuenta que Vietnam no es país para altos... como lo oís. Si eres alto, siento decirte que en locales que no son para guiris, las vas a pasar canutas.

Como se observa en la siguiente foto, las mesas y sillas son de tamaño infantil.
En la horas centrales del día, era tal el calor que mereció la pena volver al hotel para evitar vagabundear por la calle bajo la solana.
De vuelta por una zona menos turística, presenciamos escenas de la vida cotidiana de los vietnamitas que nos hicieron ser conscientes de las enormes diferencias existentes entre nuestros mundos. Estábamos maravillados. 
Ya por la tarde, nos aventuramos a recorrer el barrio antiguo y el barrio francés. La primera parada la hicimos en el lago de aguas verdes Hoa Kiem para ver el templo sagrado de Ngoc Son, situado en una islita de su parte norte.
puente The Huc
Puente The Huc
Al templo se llega por el puente de madera The Huc, previo pago de una entrada de 20.000 dong.
Templo de Ngoc Son
Templo de Ngoc Son
En nuestro recorrido por el paseo que bordea el lago, nos encontramos con un montón de parejas haciéndose retratos de boda. 
Entonces nos dimos cuenta de que esta gente no suda... hace un calor terrible, pero a ellos no les asoma ni una gotita, ¡increíble!
El lago Hoa Kiem es un remanso de paz. Es el único lugar en el que no se escucha el incesante barullo del tráfico.
Lago Hoa Kiem
Lago Hoa Kiem
Lago Hoa Kiem
Lago Hoa Kiem
Tras este rato de tranquilidad, nos aventuramos a hacer el circuito por el Barrio Antiguo que recomienda la Lonely Planet.
Barrio Antiguo de Hanoi
Barrio Antiguo de Hanoi
Visitamos algún que otro templo y casas monumento pero, sin duda, lo mejor de todo fue mezclarse con la gente: en los mercados, en las tiendas de los artesanos, en los bares...
Como ocurre en muchas ciudades españoles, cada calle estaba "colonizada" por un gremio.

Barrio Antiguo de Hanoi
Barrio Antiguo de Hanoi
Barrio Antiguo de Hanoi
Es muy recomendable sentarse en la terraza de cualquier garito a observar la gente pasar, resulta hipnótico.
Eso sí, vital tomarse una cerveza vietnamita fresquita, ¡buenísimas todas!
Barrio Antiguo de Hanoi
Barrio Antiguo de Hanoi
En el barrio antiguo hay un montón de restaurantes en los que puedes probar las especialidades culinarias del norte del país.

Nosotros, para rematar el día, fichamos un pequeño restaurante que tenía un mini balcón con una única mesa. Estuvimos la mar de a gusto mientras desgustábamos las delicias que nos recomendó la camarera. Además, desde nuestra atalaya, seguíamos observando el ajetreo nocturno de la ciudad.
platos típicos comida vietnamita

Día 2

El segundo día en Hanoi, teníamos claro que íbamos a sudar la camiseta otra vez. Sin duda, caminar por la ciudad sin rumbo fijo y evitando los recorridos turísticos, es la mejor manera de empaparse bien del estilo de vida más auténtico.
Templo de la literatura
Templo de la literatura
Pero antes de eso, nos dirigimos al templo de la literatura, dedicado a Confucio y donde se estableció la primera universidad de Vietnam. Había que verlo.
El conjunto arquitectónico está construido al estilo tradicional vietnamita y, en la actualidad, además de ser un recinto de obligada visita para extranjeros y nacionales, es un lugar de homenaje a los eruditos y hombres de talento literario de Vietnam.
Templo de la literatura
Templo de la literatura
Templo de la literatura
De hecho, como podéis ver en las dos fotos de la derecha, se conservan las 82 estelas donde se registraron los nombres, lugares de nacimiento y logros de eruditos excepcionales, ¡casi nada!
Templo de la literatura
Templo de la literatura
De regreso en el barrio Antiguo, nos fuimos directos a probar la cerveza y cocina tradicional del recomendado restaurante Quán Bia Minh.
restaurante Quán Bia Minh.
Restaurante Quán Bia Minh
Todo un acierto. Además de los ricos platos que nos sirvieron, disfrutamos de su terraza, desde la que se contempla el trajín del barrio.
Barrio Antiguo de Hanoi
Supongo que os habrá llamado la atención el cableado, ¿no?, ¡menudo caos!
Barrio Antiguo de Hanoi
Para terminar nuestra estancia en la ciudad, y antes de recoger las mochilas para dirigirnos al tren nocturno que nos llevaría a Sapa, hicimos un poco de shopping.
Barrio Antiguo de Hanoi
Vietnam es el paraíso de las imitaciones. No nos pudimos resistir. Acabamos comprando unas Nike en una trastienda rodeados por centenares de zapatillas "de palo".
Barrio Antiguo de Hanoi
En el próximo post, os contaré lo que dieron de si los tres maravillosos días que pasamos en las verdes tierras del norte: ¡Sapa!






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