Mostrando entradas con la etiqueta Río San Juan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Río San Juan. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de febrero de 2015

Diario de "Mochileros por Nicaragua" / Cap. 7 El Castillo, parte 2: cacao y fortaleza

Platanción de Cacao


Para nuestro segundo día de estancia en El Castillo, contratamos una excursión a caballo que incluía la visita a una hacienda de cacao cercana (15$). Nos lo había recomendado nuestro ya amigo Juan Ardilla (guía de la Reserva Indio Maíz), 

A las 8 a.m., nuestro nuevo y joven guía, José, nos esperaba con los caballos en la pulpería de Alfonso, dueño de la plantación y planta de procesado del cacao. El mejor avenido del pueblo, sin lugar a dudas. 

También se apuntó a la aventura un americano muy majete que viajaba solo y habíamos conocido la noche anterior, mientras charlábamos con El Ardilla.

Aquel día, me estrenaba como "amazona", así que pedí el caballo más tranquilo que tuvieran... de lo cual me arrepentí, posteriormente. No sé si era el más tranquilo, pero desde luego, sí el más vago!

Tras unas explicaciones básicas sobre como dirigir a los animales, nos pusimos en marcha.
Plantación de cacao, El Castillo
Tras 10 minutos de nervios, y a pesar de mi lucha continua para que mi caballo siguiera a los demás y dejase de atiborrarse a yerbajos, empecé a disfrutar de la nueva experiencia en aquel salvaje entorno.

Durante el trayecto, nuestro guía José nos hablaba del día a día en la hacienda y contaba cómo llegó hasta El Castillo en busca de una vida mejor. Con solo 23 años, había trabajado en el campo de sol a sol desde los 8. Por suerte, había encontrado lo que buscaba y era feliz.

Después de aproximadamente una hora cabalgando, llegamos al cobertizo, contiguo a la casa en la que vivía José con su mujer y su bebé.

Allí, amarramos a nuestras monturas para que descansasen mientras nos disponíamos a ver la plantación. José, como encargado,  mantenía y recolectaba cacao, plátanos y canela.
Hacienda de cacao, El Castillo
Hacienda de cacao
Antes de nada, nuestro anfitrión nos invitó a unos ricos y refrescantes cocos que él mismo cortó de los árboles de su "jardín".

Asombrados nos quedamos al ver con que soltura manejaba el pedazo machete que colgaba de su cinturón, y que utilizó para preparar nuestros cocos.
Hacienda de cacao, El Castillo
Casa de José
A escasos metros de la casa, estaban los campos de cultivo. Todo estaba mezclado ya que los diferentes frutales se beneficiaban unos de otros: el cacao de la sombra de las plataneras, las plataneras de las vainas secas del fruto del cacao y canela de los nutrientes que ambos aportan al terreno. 

Lo cierto es que nos dio una clase magistral en la que aprendimos un montón de cosas nuevas. Nunca nos habíamos parado a pensar que la canela en rama se obtiene directamente de la corteza de un árbol; o que las plataneras solo dan un racimo por cada brote; y, ni de lejos, podíamos imaginar la viscosa procedencia y amargo sabor de las auténticas semillas de cacao.
Árboles de cacao
Árboles de cacao, platanero y ramita de canela
He de decir que, a pesar de no haber hecho muy buenas migas con mi tozudo compañero de viaje, cuando recuerde la primera vez que monté a caballo, pensaré en aquel día tan especial en El Castillo.
Hacienda de cacao, El Castillo

Visita a la fábrica de Cacao

A las 11.30 estábamos de vuelta en el pueblo y decidimos acercamos hasta la pequeña fábrica de la Cooperativa del San Juan para seguir aprendiendo. Visitamos la planta de secado natural situada en las afueras del pueblo.  

Nada más entrar, flipamos con el aspecto de la empresa en cuestión, no podía ser más auténtica! Todo el proceso para la maduración del grano de cacao es totalmente artesanal. Según nos contaron, el cacao producido en El Castillo se vende a la enorme chocolatera alemana Ritter Sport.
Fábrica de cacao, El Castillo
Fábrica de cacao
Terminamos la visita en la fábrica de chocolate artesanal La Fortaleza. Allí nos enseñaron a hacer pequeñas tabletas de chocolate que luego pudimos degustar. ¡Buenísimo!
"hijas del cacao"
Haciendo chocolates
Compramos unos cuantos chocolates de las denominadas "Hijas del Cacao" y nos fuimos al restaurante "El Chofalito", otra recomendación del gran Juan Ardilla.

Allí pudimos disfrutar de pescado fresco y unas Toñas, como no podía ser de otra manera!
El Chofalito
Restaurante El Chofalito

Fortaleza de El Castillo de la Inmaculada Concepción

La tarde de nuestro último día en El Castillo, la dedicamos a visitar la antigua fortaleza de la Inmaculada Concepción, que se erige como bastión defensivo en la parte alta del municipio. Fue construida por los españoles entre 1673 y 1675 para impedir las incursiones de los piratas que subían por el río San Juan para acceder al lago Cocibolba y atacar desde éste la ciudad de Granada.
El Castillo, Nicaragua
El Castillo
La entrada cuesta 50 córdobas; 15 más si se va a usar la cámara de fotos.

Al acceder, hay un pequeño y sencillo museo histórico con murales y fotografías.  Aquí se relatan todos lo acontecimientos acaecidos en El Castillo y el río San Juan.

Aunque a primera vista pueda parecer que dicho museo no merece la pena, resulta enriquecedor detenerse un rato en él. Es muy interesante y uno se da cuenta de lo importante que llegó a ser un pueblo tan pequeñito.
Fortaleza de la Inmaculada Concepción
Fortaleza de la Inmaculada Concepción
La fortaleza ha sido restaurada, con ayuda internacional, y se encuentra en muy buenas condiciones. Como es lógico, las vistas desde la parte más alta de este estratégico castillo son impresionantes.

Desde arriba, se pueden intuir la inmensidad del río San Juan, la selva y la Reserva Indio Maíz.
Río San Juan, El Castillo
Río San Juan
El Castillo

La vuelta 

Madrugamos mucho para estar en el embarcadero antes de las 6 a.m., nos habían dicho que a esa hora salía la primera panga a San Carlos; allí cogeríamos un bus a nuestro siguiente destino.

Sin embargo, el barquero decidió no zarpar y tuvimos que esperar hasta las 8 a.m. Si algo nos volvió a quedar claro es que en Nicaragua el tema del transporte público es una lotería.  No importa a quién se le pregunte ni cuántas veces se compruebe el horario, siempre habrá que esperar!
En el siguiente post hablaré de la ciudad vaquera de Juigalpa, de sus rodeos y de la "odisea" que vivimos para llegar a las paradisiacas Corn Islands.

No te lo puedes perder ;)






Leer más...

sábado, 10 de enero de 2015

Diario de "Mochileros en Nicaragua"- Cap. 6/ El Castillo, Parte 1: Reserva Indio Maíz

El Castillo

Para llegar desde Mancarrón al remoto pueblo fortificado de "El Castillo", tomamos la barca rápida de las 9 a.m. de vuelta a San Carlos (10$). Llegamos después de las 10 a.m., por lo que tuvimos que esperar a la barca colectiva que zarpa a las 1.15 p.m.


Por fin, diez minutos antes de la salida y previo pago de 90 córdobas por billete, nos dejaron acceder al embarcadero. Nos montamos en una panga todavía más pequeña y estrecha que la que nos llevó a Solentiname.


Mientras tratábamos de acomodarnos, el cielo se cubrió de nubes negras y empezó a caer tormentón de los que no están escritos... buf! Prometía ser un trayecto movidito!
Río San Juan(Nicaragua)

El viaje se hizo eterno. La panga hacía continuas paradas en cada punto del río dónde los pasajeros solicitaban bajarse/subirse; tardamos unas tres horas en llegar a nuestro destino.
panga a El Castillo

Eso sí, el paisaje y la exuberancia de la naturaleza tropical resultan hipnóticos. Hacen más llevadero el hecho de llevar las piernas encogidas en un incómodo y pequeño asiento.
A lo largo del viaje, pudimos observar como viven los habitantes de las dispersas y aisladas "casas" construidas en los márgenes del río. 

El caudaloso San Juan une, con su más de 200 km, el mar Caribe y el Gran Lago Nicaragua.
Antes de llegar a El Castillo, hacemos una breve parada de 10 minutos en La Esperanza. Hay movimiento e intercambio de mercancías y desciende gran parte de los pasajeros.
A medida que nos acercamos a nuestro destino, divisamos la antigua fortificación que da nombre a la localidad: " El Castillo de la Inmaculada Concepción". 

Fue construida por los españoles para defender el territorio frente al ejército inglés, los piratas e incluso tribus indígenas. Se trataba de un punto estratégico de tránsito comercial y de pasajeros, antes de la construcción del canal de Panamá.


Nada más llegar, nos dirigimos por la calle principal, y única, al Hotel Luna del Río (30$ por persona y noche, con desayuno). Un pequeño y coqueto ecolodge de reciente construcción ubicado sobre los rápidos de "el raudal". La dueña es española y el personal muy amable.

Después de comer algo y descansar un rato, aprovechamos la tarde y las pocas horas de luz que quedaban para dar una vuelta por la localidad. Nos informan de que no hay luz en todo el pueblo (excepto en los hoteles que cuentan con generadores) debido a la tormenta que habíamos sufrido unas horas antes.

Posteriormente, nos dimos cuenta que esto de los apagones está a la orden del día,  ya que, de los tres días que pasamos allí, dos de ellos estuvimos sin luz. 


Por este motivo y otros motivos de infraestructura, os recomiendo que, si estáis decididos a visitar Nicaragua, metáis en vuestra mochila una linterna y un frontal... os aseguro que os van a ser de mucha utilidad.
En cuestión de un par de horas recorrimos el pueblo de estrechas calles y humildes casitas de madera, todas ellas elevadas sobre pilones para prevenir las posibles crecidas del río. 

Lo que destaca en esta zona, aparte de su encanto y el entorno rural, es la cercanía de la impracticable y salvaje Reserva Biológica Índio Maíz.
Al anochecer, nos dirigimos al restaurante Vanessa, en penumbra... la Lonely Planet decía que era uno de los mejores locales para degustar el plato típico de la zona: camarones gigantes (pescados en el propio río San Juan). Pero nos quedamos con las ganas y nos tuvimos que conformar con un plato de pollo con arroz y tostones.

Nota: durante nuestra estancia, nos enteramos de que actualmente es difícil encontrar algún restaurante en el que te ofrezcan camarones gigantes. Debido a la construcción de una nueva carretera en el margen del río perteneciente a Costa Rica, la contaminación provocada por las obras de dicha infraestructura han causado la desaparición, casi en su totalidad, del camarón gigante. 

Aquella noche, en el propio hotel, contratamos el tour "Aguas frescas" a la reserva. Consistía en: viaje en barca hasta la reserva Indio Maíz, trekking por la selva y baño en una zona del río de aguas claras.


Y como la excursión empezaba a las 7 de la mañana, decidimos aprovechar el apagón para descansar y cargar energías para el día siguiente.

La Reserva Indio Maíz: territorio inhóspito...


El día amaneció gris, con una lluvia fina pero intensa y una niebla espesa... no era el mejor tiempo para hacer una excursión por la selva, pero bueno, caprichos de la naturaleza. 

Nos cubrimos con capas impermeables y nos enfundamos unas botas de lluvia que muy amablemente nos prestaron en el hotel. Caminamos hasta el embarcadero en busca de nuestro guía y del resto de posibles compañeros para la aventura.

El grupo estaba compuesto por una pareja de franceses y otra de catalanes que, posteriormente, nos fuimos encontrando a lo largo del resto de destinos que vistamos en Nicaragua.

El simpático guía se presenta como Juan el Ardilla: nacido y criado en El Castillo. Gran conocedor de la historia y gentes del lugar, del río, la naturaleza y de todo lo que esconde la Reserva Índio Maíz.
Comenzamos el paseo en barca, de aproximadamente hora y media, escuchando algunos datos históricos y de interés. Llovía cada vez más fuerte.

A medida que ascendemos por el caudal, el ojo experto de Juan empieza a divisar animales y aves en las copas de los árboles. ¡Vemos de todo! tres tipos de coloridos tucanes, zopilotes, halcones, águilas, loros, perezosos, monos araña... Nos presta sus catalejos para admirar la fauna y la flora.
Juan nos cuenta que el río San Juan debe su nombre a la primera expedición de españoles que consiguió recorrerlo en su totalidad. Llegaron hasta San Juan del Norte (ciudad situada en el mar caribe) un 24 de junio. De los 170 soldados que iniciaron la expedición, únicamente 9  sobrevivieron a un viaje en el que lucharon contra las dificultades propias de un territorio inexplorado, enfermedades y tribus guerreras.


Posteriormente, y por desgracia, todas la tribus indígenas, a excepción de una, fueron exterminadas por los colonos. Los indios Rama fueron los únicos que se salvaron de la masacre, debido a su naturaleza pacífica y nómada. Además, cuando llegaron los españoles, detectaron el peligro que estos suponían, y se adentraron en los más profundo de la selva, evitando ser descubiertos.

Actualmente, son los únicos habitantes de la reserva Índio Maíz y solo tienen contacto con el exterior para relaciones comerciales.

Después de pasar por un control militar de acceso, bajamos de la barca e iniciamos el trekking.

El Ardilla nos comenta que el acceso a la Reserva Índio Maíz está muy protegido y limitado. Al objeto de preservar intacto el hábitat de las especies que la ocupan, únicamente hay habilitadas 2 rutas dentro del pequeño área que se puede visitar: tour la Bartola, de 4 horas, y tour aguas claras, de 5 horas.
A diferencia de la visita a la Reserva de Los Guatuzos, en esta excursión no nos acompañó la suerte. Llovió tanto que, aparte de calarnos hasta la ropa interior, no pudimos ver muchos animales :(

Pero a pesar del mal tiempo, mereció la pena adentrarse en la selva y aprender un montón de cosas, que el gran Juan el Ardilla nos enseñó: probamos plantas medicinales anestésicas, vimos peligrosas hormigas bala, aprendimos a emitir llamadas de socorro utilizando determinados árboles y troncos, atrapó una serpiente, nos balanceamos en enormes lianas al estilo de tarzán...

Era como estar con Frank de la Jungla en versión auténtica! Un crack!
De regreso, cubiertos de barro y calados de arriba abajo, disfrutamos del paisaje y de un rico coco.
Al llegar al pueblo, El Ardilla, nos informó de que, al haber sido un grupo de 6, nos cobraba 15$ por la excursión (de haber ido solos hubiese costado 42 $). 

Además, nos comentó que si no la hubiésemos contratado por medio de nuestro hotel, nos habría salido todavía más barata. Por lo tanto, os recomiendo que vayáis a su casa directamente. La reconoceréis porque es de color azul y la fachada la tiene llena de fotos con los clientes que han disfrutado de su compañía. 

Además, tienen un cartel de Laundry en la entrada ya que, su mujer, es una de las pocas en la localidad que presta este servicio. Y si no encontráis la casa preguntad por él, es archiconocido!

Aquella noche, pudimos disfrutar de unas cuantas Toñas con él y fue una auténtica gozada.

Un saludo desde Donostia, Juan!!
Como esto se empieza a alargar, continuaré con el relato de nuestra estancia en este histórico pueblo en el siguiente post: excursiones a caballo, visita a una hacienda agricultora y elaboración de chocolate artesanal.

No te la pierdas!





Leer más...